jueves, 19 de enero de 2017

Capitoné, en el centro. Con tapas premiadas, pero mejor no pedirlas




La céntrica calle Claudio Marcelo es de las calles más bellas del centro. Aunque no sea de las calles del centro mas antiguas, la bajada de la Plaza de las Tendillas hasta el Templo Romano es siempre un paseo agradable y animado.

Desde hace unos años, la calle ha recuperado su brío si bien lejos de los tiempos en que muy diversas tiendas: zapaterías, confección, electrodomésticos, tiendas de discos,... hacían bullir la gente por sus aceras. 

Actualmente, y como es conexión entre el centro y la Axerquía, con Plaza de Corredera, etc. tiene los nuevos comercios y sobre todo, tabernas o restaurantes que se han abierto en su recorrido. Uno de ellos es el Capitoné, en los bajos de un edificio de ladrillo rojo y por el que han pasado distintos propietarios.  
Algunos de estos locales gracias a su cuidada decoración y al buen precio de los menús, son frecuentados por turistas.

Ya digo, el local muy bien diseñado, con una iluminación estudiada, realmente lo que se dice currado, renovado. Pero los camareros se mueven como si estuvieran en un restaurante de otra época: lentos, con parsimonia. 

La carta es variada y justo en el centro hay un reclamo que se repite en los manteles de papel de las mesas y en varios paneles de este local: tapas premiadas en concursos locales, de nuevo diseño o reinterpretacion de algo tan cordos como el rabo de toro. Todas ellas como sugerencia del cheff.

Tras la primera consumición que le acompañaba una tapa de endaladilla, pedimos tres de las tapas recomendadas y que habían sido distinguidos con premios: pecado lechal, fajita de costilla caramelizada y milhoja de rabo de toro cordobés

Siempre he supuesto que las tapas de diseño precisan de una elaboración más lenta, pues es este caso fue visto y no visto. Y como se ve en las fotos el acabado de ellas es muy similar: marcas con reducción dulce de PX o bien caramelo, y en ninguna faltaba. 

Al lío, no hemos probado unas tapas más simples, y a la vez más caras en nuestra vida. La carne, dura del rabo de toro, el cordero lechal seco y recalentado.
Parece como si hicieran tapas para ganar premios y una vez en el candelero olvidarse de ellas. 
No somos de hacer críticas gratuitas, pero en este caso creemos que se falla al principal motor economico de la ciudad: el turismo. 
 
Viendo en internet, precisamente en tripadvisor los comentarios de este local que en él aparecen, muchos de ellos coincidían con nuestra apreciación: un timo estas tapas, mientras que para otros son de una calidad suprema. Cosas del marqueting on line, o bien que estaban más recién preparadas.

Sí es verdad que los turistas eramos realmente nosotros porque los de verdad que estaban allí habían pedido menús, porque de turista hay que ir a lo práctico, o que se habían ya leido reeseñas de este sitio..

El vino fino era el Fliligrana de la Bodega San Rafael, muy ligero, sin apenas fuerza.
El precio 27 €.
 






















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